
n el tercer encuentro de su ciclo de webinarios, la Dra. Vanesa Etcheverry presentó datos de una encuesta iberoamericana sobre violencia y desgaste médico, y propuso el acompañamiento y el mentoreo como base del “Ecosistema del Cuidado”.
CIDCAM realizó de manera virtual el tercer encuentro del Ciclo de Webinarios sobre Humanización de la Atención en Salud, bajo el título “Hacia el Ecosistema del Cuidado: ¿Por qué la humanización empieza con el profesional?”. La exposición estuvo a cargo de la Dra. Vanesa Etcheverry, secretaria de Actividades Científicas, Culturales y Deportivas de FEMEBA y coordinadora del área de Calidad Asistencial y Seguridad al Paciente y miembro de la Comisión Directiva de CIDCAM, organización que integra FEMECON.
La tesis central fue que la humanización no se logra solo con capacitaciones en “buen trato”. Para Etcheverry, “la excelencia clínica y la empatía humana no pueden florecer en un entorno de violencia, estrés y soledad profesional”. En ese marco, planteó sumar a la Triple Meta de la calidad (experiencia del paciente, salud de la población y costos) una cuarta dimensión: el bienestar del profesional, “la dimensión oculta necesaria para sostener las otras tres”.

Una brecha entre vocación y entorno
Para dimensionar el problema, se citaron resultados de la quinta edición de la Encuesta Iberoamericana 2024, con 1.920 médicos de Argentina, España, Paraguay y Uruguay. El relevamiento arrojó que 68% de los profesionales se declaró satisfecho o muy satisfecho con su profesión. Sin embargo, un 77% lidera la insatisfacción con el ambiente de trabajo, la falta de contención y los honorarios. “Los médicos aman la medicina, pero el sistema no los acompaña”, sintetizó Etcheverry.
El análisis también advirtió sobre una “epidemia silenciosa”: los médicos que se perciben estresados o presionados registran más agresiones, y muchos llegan a asumir que “la violencia es normal”. El riesgo resultó mayor en mujeres (OR 6,58) que en varones (OR 4,46). Tras un episodio de violencia, señaló, son pocos los que logran contactar a la dirección o iniciar acciones legales, y muchos reducen el contacto con sus pacientes. “Un médico aislado no puede proveer cuidado humanizado”, concluyó.
Acompañar, reflexionar, aprender
Frente a ese diagnóstico, la propuesta se apoyó en el Modelo de Desarrollo Profesional Colaborativo: pasar de un sistema individual y punitivo a uno de aprendizaje en servicio, con planes personales de desarrollo, auditoría entre pares y evaluación formativa. Entre las herramientas mencionadas figuran el e-portfolio, el examen clínico objetivo estructurado (ECOE) y los entornos personales de aprendizaje, junto con una “espiral de reflexión sobre la práctica” concebida como “un motor de cambio permanente”.
La figura del mentor ocupó un lugar central: crear un espacio seguro donde el error se analice en lugar de penalizarse, ofrecer contención emocional y técnica y brindar feedback periódico. Su función, apuntó Etcheverry, es lograr que el profesional “no enfrente los conflictos del sistema en soledad”.

Un cambio de cultura
Etcheverry sostuvo que un profesional acompañado repercute en pacientes más activos y familias aliadas, con menos eventos adversos y mayor adherencia a los tratamientos. Por eso, insistió en que humanizar es una estrategia organizacional que exige “un cambio de cultura institucional que valore a los profesionales como el recurso más crítico del sistema”.
La charla cerró con una idea que da nombre al encuentro, “Cuidar al que cuida”, y una frase inspirada en P. Pronovost: “La empatía duele, pero la compasión y el acompañamiento sanan.”
