
Para CIDCAM, la humanización no se limita a la amabilidad ni a mejorar el vínculo entre médicos y pacientes. Implica revisar el modelo de atención, cuidar también a quienes cuidan y transformar prácticas institucionales que muchas veces terminan despersonalizando la asistencia.
La humanización de la atención sanitaria suele asociarse con algo tan básico como tratar bien a un paciente. Pero detrás de esa idea hay una discusión mucho más profunda: ¿cómo se construye un sistema de salud que no pierda de vista a las personas en medio de la tecnología, los protocolos, los procesos y la presión cotidiana sobre los equipos?
Ese fue el punto de partida del primer encuentro del ciclo de webinarios sobre Humanización de la Atención en Salud de CIDCAM, con las palabras de apertura a cargo del presidente de la institución, Pablo Binaghi quien subrayó: «La humanización va mucho más allá, de decir “por favor”, “gracias”. Lo que pretendemos, ambiciosamente, es proponer un cambio de paradigma respecto del enfoque global de la asistencia de salud».

Bajo la consigna “Humanización en la atención: mucho más que un buen trato” la exposición estuvo en manos de la médica especialista en Clínica Médica Beatriz Carballeira, jefa del Área de Cuidados Humanizados del Hospital El Cruce y miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Medicina Narrativa, abordaron la humanización como un cambio de paradigma y no como un agregado a la práctica asistencial.
De la calidad a la humanización
Para el presidente de CIDCAM, la discusión actual es el resultado de una evolución de varias décadas. La medicina pasó de un modelo en el que el médico de familia tenía un vínculo estrecho y sostenido con las personas a otro marcado por el desarrollo tecnológico, la especialización y la concentración de recursos en grandes establecimientos.
Después llegaron la normalización de procesos, los protocolos, la certificación, la acreditación y las estrategias de seguridad del paciente. Cada una de estas herramientas permitió mejorar distintos aspectos de la atención, pero ninguna resolvió por sí sola el problema de fondo.

«Todos pensamos que de esa manera íbamos a garantizar la calidad. En parte mejoró, pero claramente tampoco fue suficiente», señaló Binaghi. La seguridad del paciente abrió entonces otra puerta: la necesidad de mirar también a quienes están del otro lado de la atención. «Había que cuidar a los que cuidan», sintetizó.
Ese cambio implica dejar de pensar exclusivamente en el paciente como destinatario de las políticas de calidad. Para Binaghi, también hay que considerar al personal de salud y al contexto en el que se desarrolla la atención. «Empezamos a humanizar un poco más el enfoque cuando, en lugar de mirar solamente al paciente y a su familia, empezamos a considerar al personal de salud en su conjunto como parte de un colectivo», sostuvo.
El paciente como “otro”
Otro de los conceptos centrales fue el de la “otredad”. Incluso cuando la medicina dice estar centrada en el paciente, advirtió Binaghi, puede persistir una frontera entre quienes cuidan y quienes son cuidados. «Cuando hablamos de medicina centrada en el paciente, decimos que el paciente está en el centro, pero el sistema está afuera. Y ahí empezamos a analizar todo lo relacionado con la otredad. El paciente siempre fue considerado un “otro” aunque estuviera en el centro».

La propuesta es romper esa frontera; no para negar las diferencias de conocimiento, roles o responsabilidades entre profesionales y pacientes, sino para reconocer una condición común: todos somos personas vulnerables. Desde esa perspectiva, la relación deja de ser exclusivamente entre un profesional que sabe y un paciente que desconoce y aparece una dimensión de reciprocidad y de pertenencia a un mismo colectivo.
Y a modo de síntesis Binaghi reflexionó: «no hay estrategia más costo efectiva que la medicina humanizada».
De la teoría a las prácticas
Durante su exposición Beatriz Carballeira mostró cómo esa mirada puede trasladarse a una institución. En el Hospital El Cruce, explicó, los cuidados humanizados se plantean como una estrategia institucional y no como la suma de buenas voluntades individuales.
«La medicina narrativa se ocupa de la relación y del vínculo, mientras que los cuidados humanizados son estrategias institucionales que superan al equipo de salud, a los pacientes y a las familias. Los cuidados humanizados son un plan de gestión institucional para facilitar esa relación».

La experiencia combina medicina narrativa -orientada a desarrollar capacidades de escucha, comunicación y reflexión sobre las experiencias de enfermedad- con acciones concretas destinadas a modificar las condiciones en las que se desarrolla la atención. «No somos quienes hacemos los Cuidados Humanizados. Trabajamos transversalmente con los distintos equipos del hospital», explicó y sostuvo que la estrategia incluye flexibilizar el ingreso de familiares, mejorar la comunicación, trabajar sobre el bienestar de pacientes y trabajadores, humanizar el final de la vida, revisar las condiciones de internación y atender las consecuencias de las hospitalizaciones prolongadas.
Uno de los ejemplos más claros aparece en las terapias intensivas. Allí, prácticas que durante años parecieron naturales comenzaron a ser revisadas.
«Cuando flexibilizamos los ingresos primero tuvimos que romper un gran mito: “prohibido pasar”. Cuando fuimos a la bibliografía y a la medicina basada en la evidencia, no encontramos evidencia que indicara que los familiares fueran quienes transmiten infecciones o que entorpecieran nuestro accionar. Por el contrario, está demostrado que las familias ayudan a la recuperación y que los pacientes necesitan el acompañamiento familiar y afectivo», dijo Carballeira.
Aunque aclaró que la apertura no significa ausencia de reglas. Requiere protocolos, capacitación y acompañamiento de los equipos y de las propias familias.
Humanizar los tiempos del hospital
La humanización también puede estar en algo tan básico como permitir que un paciente duerma. Carballeira contó que una medición realizada en el hospital mostró que algunos pacientes internados recibían extracciones de sangre durante la madrugada, electrocardiogramas de noche y controles a primera hora de la mañana.
«Ese paciente no dormía porque nosotros no lo dejábamos dormir», dijo y apuntó que esa observación llevó a revisar las prácticas nocturnas y a desarrollar protocolos destinados a proteger el descanso. La misma lógica se aplica a otras iniciativas, como los paseos de pacientes internados, el contacto con espacios verdes, las actividades asistidas por animales y las herramientas de comunicación para personas que no pueden expresarse verbalmente.
«La enfermedad rompe la historia de una persona. Poder recuperar algo de su vida cotidiana y conectarse nuevamente con aquello que perdió es beneficioso para los pacientes», sostuvo Carballeira.
El tercer integrante del cuidado
La humanización también obliga a ampliar el tradicional binomio médico-paciente. «Para nosotros es paciente, familia y trabajadores. Son tres: es un trípode», afirmó Carballeira y sostuvo que ese tercer componente resulta clave frente al desgaste de los equipos de salud. La especialista destacó el trabajo sobre burnout, la creación de espacios de reflexión y los talleres de medicina narrativa como herramientas para que los profesionales puedan procesar las experiencias que atraviesan.
La muerte también requiere cuidados
El final de la vida constituye otro de los puntos donde la humanización modifica la lógica asistencial y así lo abordó Carballeira: «La muerte muchas veces se constituye en un tabú entre los profesionales y nos parece que, en ese momento, ya no tenemos nada para hacer. Pero tenemos muchísimo para hacer; simplemente son otras cosas», señaló Carballeira.
Cuando ya no es posible curar, explicó, cambian los objetivos: controlar síntomas, aliviar el dolor, garantizar confort, respetar valores y espiritualidad y acompañar a la persona y a su familia.
Para Binaghi, esa mirada forma parte de una transformación más amplia: dejar de considerar al paciente como alguien completamente diferente del equipo que lo atiende: «Necesitamos que todo el personal de salud, y todos nosotros, entendamos que somos personas. Todos estamos del mismo lado y la camilla no existe», dijo.
El desafío, entonces, no parece ser sumar una nueva norma a las muchas que ya existen en las instituciones de salud sino revisar la cultura que sostiene esas prácticas.
La discusión que propone CIDCAM parte así de una tensión que atraviesa a la medicina contemporánea: cuanto más sofisticada es la capacidad de diagnosticar, tratar y prolongar la vida, mayor es también el riesgo de que la persona quede diluida detrás del proceso asistencial.
Humanizar no significa abandonar la evidencia científica, los protocolos, la tecnología o la seguridad, sino que propone incorporar otra dimensión: reconocer que detrás de cada procedimiento hay personas, y que también quienes cuidan necesitan ser cuidados.
Como resumió Binaghi: «No se trata solamente de un buen trato: se trata de cambiar dramáticamente el paradigma de atención».
